
Leonardo Carrizo / Para Dispatch Fronteras
Leticia, cuyo esposo es indocumentado, trabaja en Tulsa como enfermera en una clínica. Donde el número de clientes hispanos ha bajado.

Leonardo Carrizo / Para Dispatch Fronteras
Un equipo contratado de jardineros cuida las flores en el terreno del Capitolio de la Ciudad de Oklahoma.
Detrás de la serie
The Dispatch se unió con el periódico semanal gratuito Fronteras de la Noticia para producir División Americana | Las medidas enérgicas de inmigración.
Los reporteros de proyectos del Dispatch Todd Jones y Jill Riepenhoff trabajaron junto con la editora de Fronteras Stephanie Czekalinski en la serie de cuatro días.
Otros contribuyentes:
Fotógrafos: Doral Chenoweth III y Courtney Hergesheimer de The Dispatch y el fotógrafo independiente Leonardo Carrizo
Editor de proyectos: Doug Haddix
Editor de noticias: Alan D. Miller
Editor asistente: Kirk Arnott
Foto editor: Craig Holman
Diseñador de página: Tom Rinderle
Artista gráfico: Tom Baker
Editor de info-gráficos: Nancy Wygle
Nuevas leyes provocan que latinos huyan de Oklahoma
Partidarios aplauden el éxodo de los inmigrantes mientras los críticos acusan de segregación racial
Todd JonesTHE COLUMBUS DISPATCH
TULSA, Okla. - Hasta aquellos que están acostumbrados a las fuertes ráfagas de viento en el estado de los tornados no estaban preparados para lo que sucedió cuando el remolino retórico sobre inmigración, cayó como ley.
Algunos fueron afectados por las consecuencias inesperadas, molestos con tanto papeleo y largas esperas para recibir una tarjeta de identificación o rechazados de las listas médicas estatales.
Muchos tuvieron que salir de la ciudad, hasta fuera del estado.
Los estimados indican que hasta 25,000 latinos han dejado el condado de Tulsa y un número desconocido ha salido del mismo estado desde que el gobernador demócrata Brad Henry firmara una de las leyes de inmigración más fuertes en mayo de 2007. (Mississippi promulgó una ley similar en julio)
"Ese era el propósito", dijo el Representante del Estado Randy Terrill, un republicano de Moore, Oklahoma, quien escribió la ley que tomó efecto el 1 de noviembre. "Es un desgaste a través de un acercamiento al cumplimiento de la ley para resolver la inmigración ilegal".
Los defensores de los latinos, sin embargo, describen un clima posterior de miedo y racismo que es tan palpable como el viento incesante que arrasa a través de éste estado central.
"Tu no tienes que ser indocumentado para sentirte como si fueras blanco de ésta ley", dijo el Reverendo Julián Rodríguez, un ciudadano americano que se mudó desde México en 1983.
La caída - intencional o sin intención - les da a los legisladores de Ohio más que pensar mientras consideran si seguir el ejemplo de Oklahoma.
La ley decreta que es un crimen transportar, esconder, refugiar o dar asilo a inmigrantes ilegales.
La estricta aplicación de la ley de requerimientos de identificación han causado dolores de cabeza a todos los ciudadanos. Nadie predijo esperas más largas y tardanzas para todos aquellos que reciben o renuevan una licencia de conducir.
Nadie anticipó que casi 6,000 personas - mayormente no inmigrantes - serían sacados de SoonerCare, el programa de Medicaid del estado. A los que sacaron en diciembre, 58 por ciento eran blancos y 62 por ciento eran niños. Ellos no pudieron proveer todos los nuevos documentos para probar residencia legal.
Pocos vieron que los inmigrantes se convertirían en blanco fáciles para los criminales, quien sabría que se negarían a contactar autoridades por miedo a ser deportados.
A pesar de estas consecuencias inesperadas, las medidas enérgicas anti-inmigración han sido muy populares en votaciones desde que la ley navegara a través de los estados republicanos dominados en la asamblea legislativa.
"Está funcionando bien, amigo; de verdad que sí", dijo Dan Howard fundador de Patriotas Indignados, una página Web con base en Oklahoma que se enfoca en inmigración.
Las organizaciones de negocios, sin embargo, se han unido a un desafío legal a la ley introducida por la Cámara de Comercio de los Estados Unidos. Un juez federal de Oklahoma emitió un mandamiento judicial preliminar bloqueando la aplicación de la parte laboral de la nueva ley que tendrá efecto este verano, y que es "substancialmente posible" que la ley sea inconstitucional.
Las otras disposiciones de la ley quedan en efecto.
La aplicación de la ley, varía de comunidad en comunidad. La mayoría está de acuerdo que Tulsa se ha convertido en el epicentro de las medidas enérgicas en un estado donde los inmigrantes han sido casi el 30 por ciento del crecimiento de la población en los pasados ocho años.
La población latina de Oklahoma ha aumentado en casi un 45 por ciento desde el año 2000 y es ahora casi 7 por ciento de los 3.6 millones de residentes. El Centro Hispano Pew estimó en el 2006 que 75,000 estaban viviendo ilegalmente en el estado.
Para muchos latinos que viven en Oklahoma - legalmente o ilegalmente - la ley ha causado dolor.
"Perdimos el sentido de pertenencia", dijo Sebastian Lantos, un Demócrata de Tulsa buscando convertirse en el primer hispano electo para la asamblea legislativa del estado.
Si algo ha sucedido, ha sido que ésta ley controversial de Oklahoma ha reforzado las paredes entre sus críticos y partidarios.
"Más que la amenaza terrorista, la inmigración ilegal quizás sea la amenaza más grande que ésta nación enfrenta", dijo Terrill. "El futuro de la republica depende de ello".
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La abuela de cabello canoso fue asignada a poner orden en su reunión, pero primero quería dar a conocer su independiente grupo de presión: Reforma Migratoria para Oklahoma Ahora.
"No nos metemos con el aborto y la comunidad gay y todo eso", Carol Helm dijo. "Es solo la invasión ilegal y el costo de éste problema".
Ella ha fotocopiado artículos, papeles de Terrill y memorizado estadísticas de su propuesta, incluyendo un estimado de la Federación por la Reforma Americana de Inmigración en la que Oklahoma gasta $207 millones aproximadamente al año en financiamiento público para inmigrantes ilegales.
El grupo de reforma migratoria sin fines de lucro con base en Washington D.C., estimó esta cifra, haciendo estudios de otros nueve estados para estimar 83,000 inmigrantes ilegales en Oklahoma. El estado no tiene su propia cifra del costo total por los servicios para los inmigrantes ilegales.
"Es acerca del dinero, dinero, dinero, dinero, dinero", dijo Helm de 65 años que creó el grupo de reforma hace cinco años después de que "un invasor" mató una vaca que le pertenecía a sus familiares. "Nosotros los ciudadanos no podemos permitir que nos aumenten los impuestos para subsidiarlos".
Ningún otro punto de vista opositor fueron escuchados en los próximos 90 minutos en la biblioteca del condado de la ciudad de Tulsa donde el grupo tuvo su reunión mensual en abril. Todas las 17 personas que asistieron eran ciudadanos blancos de la tercera edad, la mayoría en pantalones de mezclilla, juntos en una reunión en una habitación pequeña y sin ventanas. "Tenemos un caos", dijo Bill Kohl de 81 años, de Tulsa.
Los ciudadanos de la tercera edad hablaron de desastre, travestis, amenazas y de un gobierno federal en ruinas. "No hemos hablado de la seguridad nacional, dejando aquellos desconocidos que entren", dijo Charlene Fholer de 71 años de Tulsa.
Una mujer dijo que los inmigrantes están "teniendo niños, niños y niños. Nosotros los blancos, no. Muy pronto, ellos nos van a sobrepasar. Eso es en lo que están trabajando".
El grupo ventiló sus ideas acerca de que los inmigrantes no quieren asimilarse y como ellos están minando la cultura de la ciudad.
"Cuando toleras el desorden, eso lleva a más desorden", dijo Richard "Top" Winters de 80 años. "Es aceptado en México y otros lugares".
El residente de Tulsa se levantó y declaró que Oklahoma "debe mantener a estos idiotas sin licencias de conducir".
Al final de la reunión, con las emociones en aumento, los miembros hablaban todos al mismo tiempo.
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La multitud de devotos del Reverendo Rodríguez, como 20 en esta noche de un día de semana, se arrodillaban orando en una iglesia de cemento cerca de la pista de aterrizaje del aeropuerto internacional de Tulsa.
El pastor de la iglesia Eficaz, una Iglesia de la Asamblea de Dios, se quedó afuera y suspiró mirando la caída del sol. "Esta ley en particular es un ataque a la unidad", él dijo. "Es fácil tener como chivos expiatorios a los hispanos y decir que esta es la razón por la que tenemos problemas".
Voces extremas de disensión hablan de una "Limpieza étnica" y "Tácticas de Gestapo," pero las palabras más suaves se oyen más alto. Hablan del miedo.
Pam Herrera, de 24 años, se reusa a cruzar en su carro si tiene a un oficial de la policía detrás de ella.
"Sigo derecho así no tengo que utilizar las señales", dijo la trabajadora de una clínica de salud. "Siento que me están siguiendo, esperando que haga algo mal".
Y Herrera es una ciudadana americana.
Rey Saldierna, también es un ciudadano americano, como su esposa e hija, y un infante de marina. El carpintero ha vivido en el país por 28 años, los últimos 9 años en Tulsa. El quiere vender su casa e irse a Texas.
"Mi esposa y yo queremos estar en un sitio donde nos sentamos bienvenidos", dijo Saldierna. "Puedo sentir el racismo en algunos lugares aquí, y antes no lo sentía".
Julio Reiguero sabía que no era bienvenido porque estuvo en la cárcel del condado de Tulsa. Después de vivir en Columbus por seis meses, el ciudadano mexicano regresó a Tulsa en diciembre por un trabajo de construcción.
Fue arrestado en marzo y le dieron cargos por manejar bajo la influencia del alcohol, esperó la deportación de un país en el que ha vivido por 9 años.
"Queremos estar aquí en buenos términos, pero no hay manera de que puedas obtener tus documentos", dijo Reiguero, uno de los 1,173 inmigrantes detenidos en la cárcel del condado de Tulsa desde que esta nueva ley está en vigencia. "Si no fuera tan difícil, todo el mundo tratara de obtener sus documentos".
Al otro lado de la ciudad, tres familias de la congregación de Rodríguez huyeron de Oklahoma cuando la ley fue aprobada. Otros están clandestinos. Solían tener 200 personas en una ceremonia típica del domingo. Ahora, unos 100 asisten.
Rodríguez canceló las reuniones de oración que duraban toda la noche los viernes porque no quería que su congregación no estuviera en las calles pasadas las 10 de la noche por miedo a que los arrestara la policía y fueran deportados.
Vendió la camioneta van de la iglesia por temor a hacer arrestado por llevar inmigrantes ilegales.
Tiene cinco hijos, pero desde que aprobaron la ley tiene la patria potestad de 50 niños de su iglesia, todos ciudadanos hijos de inmigrantes ilegales.
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La ironía se manifestó una mañana de primavera en el capitolio de Oklahoma: Un grupo de trabajadores latinos colocó flores en el pasto del capitolio - un edificio con una estatua de un nativo americano en el tope y legisladores descendientes de inmigrantes europeos adentro.
En ese edificio, el republicano que escribió a mano la ley que afecta a los inmigrantes, e hizo que parecieran matones y asesinos, mientras se sentaba a unas pocas millas de distancia de donde el terrorista nacido en Oklahoma Timothy McVeigh mató a 168 personas en una explosión en el edificio federal Alfred P. Murrah en 1995.
"¿Como le pones precio a un inmigrante ilegal, que se supone que no deben estar, cuando violan, roban y matan a uno de nuestros ciudadanos?", dijo Terrill, que ha sido llamado "El diablo" por unos críticos latinos.
Su pasión por esta ley la derramó poco a poco en dos horas, golpeando una mesa de madera para darle énfasis a sus palabras.
Terrill dijo que el estaba "feliz" de que su estado era "la punta de la lanza" por la reforma migratoria. Está complacido que Ohio y otros estados están usando la ley de Oklahoma como ejemplo, aun cuando el ha sido atacado con correo y llamadas amenazantes a su casa, el retrato de su cara ha sido el blanco de dardos en las ferias latinas, y a los carteles de su campaña los han desfigurados.
A la nueva ley "no le importa de que color sea tu piel o si hablas con un acento o cual es tu apellido", dijo Terrill. "Lo que importa es, '¿Estas legal en el país?'. Te recuerdo que ser un criminal no es una clase protegida".
Unas semanas después, la asamblea legislativa de Oklahoma paralizó los planes de Terryl de reforzar la ley de inmigración, el senado inesperadamente rechazó su proyecto de ley que declaraba el idioma inglés como idioma oficial del estado, y un juez concedió un requerimiento judicial en contra de partes de la ley estatal.
A aproximadamente 100 millas al noreste del opulento salón en madera oscura del senado donde Terrill defendió la ley, una mujer se sentaba exhausta en una oficina de bloques de concreto.
La trabajadora social Margarita Summers, una ciudadana americana, se preguntaba si habría alguna reacción violenta en contra de la ley de inmigración de Oklahoma o si sería muy tarde.
La abuela, una residente de Tulsa desde que llegó de México en 1983, se lamentaba de cómo la ley ha cambiado la ciudad y el estado, como percibe el miedo en los ojos de los hispanos.
"No creo que vuelva a ser normal la situación aquí otra vez", ella dijo. "Esta ley es un cáncer. Puede apaciguarse de alguna forma, pero no completamente. Para mi, es una enfermedad terminal."
El fotógrafo independiente Leonardo Carrizo sirvió como intérprete para las entrevistas con las fuentes de habla hispana.